En los brazos de Morfeo
se encontraba Alo anoche
y de pronto su panzota
le empezó a doler muy feo.
Vitoreaba la Osamenta
el infortunio de Alo
¡Ora sí que sin reproche
me lo cargo ya en el carro!
Vine por tí mi buen Alo
¡vámonos por unos tacos!
¿Qué no ves que ya estoy flaco?
Soy esbelto, deportista
¡Sácate para la pista!
Yo contigo ya no jalo.