En medio de la tormenta,
llegó la Doña Osamenta:
¡Ahora sí no te me escapas,
ya tengo el carro en la puerta!
Cuál va siendo su sorpresa
que Kiko se puso mal,
escapó de Chetumal
y se fue para una hacienda,
de esas de Atlacomulco.
Se santiguó veinte veces,
sacó sus mejores prendas,
se puso lentes de sol,
y se fue para la fiesta,
a pasearse en el carrito,
porque el golf no se le presta.