Ensayo reflexivo.
“La perpetua búsqueda de la palabra perfecta”
Flaubert
La imagen poética no es una imagen, es una “evocación de los reinos incomunicables del espíritu, donde el sueño se torna pensamiento, donde el [verso] se torna existencia” como diría Michel Seuphor al respecto de la pintura; es un estado onírico que el poeta lanza al mar dentro de una botella para compartirlo con quien dé con él, y pueda descifrar el mensaje. Un verso solo construído por tropos, métrica y rima, en efecto, hacen una imágen, más no es suficiente para transportarnos fuera del tiempo. Las figuras retóricas son herramientas del lenguaje que por sí mismas puede que hagan un verso, más, un verso no garantiza poesía como una piedra, un mazo y un cincel no hacen una escultura. Lo podemos ver en muchas canciones pop que tienen estrofas de la siguiente manera:
Pintarse la cara
Color esperanza
Tentar al futuro
Con el corazón
Canción Color esperanza, Diego Torres.
Si se toma el “color de esperanza” como una metáfora, el verso querría decir: pintarse la cara de verde, pues verde es el color consensuado para la esperanza, como eso no tiene sentido, es probable que la estrofa se refiera a adoptar una actitud esperanzada hacia el futuro construida mediante una sinécdoque. En el ejemplo anterior se entiende bien lo que dijo Aristóteles (Estagira, 384 a. C.-Calcis, 322 a. C.) hace ya 2 405 años: “el empleo exclusivo de tales términos [tropos y figuras retóricas] resultará ora un enigma, ora un barbarismo”. Un poema no consiste solo en frases con el orden al revés y calificativos extraños, también es un texto que debe tener, como cualquier creación inteligible, un orden coherente, con un principio, un desarrollo y un final aunque se trate de una obra abstracta, “el poeta debe ser más el tutor de sus fábulas que de sus versos”, volviendo a usar las palabras del alumno de Platón. Darle estructura y método a las creaciones tiene como finalidad que la mayor cantidad de personas pueda entender dicha obra. Hoy en día es común alabar lógicas autistas como producto de la genialidad y no de la ineptitud, sin embargo las obras universales están hechas con un código descifrable para la mayoría de los humanos, es decir, que cualquier persona pueda entenderlo sin importar su cultura, nacionalidad, idioma o condición social. Cuando un poema tiene por serendipia y no por artificio consciente, ideas imposibles, improbables, contradictorias o técnicamente incorrectas se vuelve ininteligible e incoherente, esto lo saca del territorio de lo universal y también de lo artístico, el arte trasciende fronteras espaciales, temporales, aguanta la traducción a cualquier idioma y es un portal a “ese lugar por detrás del pensamiento” al que aspira llegar Clarice Lispector.
La estructura clásica de introducción, desarrollo y conclusión, ha sido perfeccionada por muchos siglos de creación (Homero ya la utilizaba), aún así la mayoría de la humanidad no alcanza a dominarla, mucho menos superarla, aunque muchos principiantes crean que jugar a doblar sus reglas sea inventar unas nuevas. Además de lo dicho, un poema debe tener un tema, puede estar organizado en versos, que a su vez forman estrofas, y tener figuras retóricas que lo alejen de lo cotidiano y vulgar, sin embargo, también puede estar en prosa y tener formato de cuento o novela, como la novela “Agua viva” de Clarice Lispector, o el cuento de “La Máscara de la muerte roja” de Edagar Alla Poe:
… hubiérase dicho que la extraña música de la orquesta era el eco de sus propios pasos. Y, de tiempo en tiempo, se oye el reloj de ébano de la sala de terciopelo. Y entonces, durante un momento, todo se detiene, todo enmudece, excepto la voz del reloj. Los sueños se quedan helados, paralizados en sus posturas. Más los ecos de la sonería se desvanecen -no duraron sino un momento- y, apenas huyen, una hilaridad leve y mal contenida circula por doquier. Y la música suena de nuevo, reavívanse los sueños; aquí y allá los danzarines se retuercen más alegremente que nunca, reflejando el color de las ventanas a través de las cuales fluyen los rayos de los trípodes.
La máscara de la muerte roja, Edgar Allan Poe.
Lo que vuelve poema a este cuento es que la técnica está dirigida a evocar un estado mental fuera del tiempo real en que se lee, toda la descripción del ambiente, los calificativos, la acción, el ritmo, nos llevan a ese espacio carnavalesco, espectral y aterrador del baile que sabemos que se lleva a cabo en el fragmento de texto citado, está tan bien lograda la experiencia que no hace falta saber qué pasa antes y que pasará después del pedazo elegido para transportarnos. Esta evocación tan perseguida, es lo que suele llamarse confusamente imagen poética, por eso muchos aprendices se esfuerzan en describir imágenes, lo que resulta en caricaturas cursis y muy vistas, lo que Aristóteles llamó lugar común. Volviendo al asunto, la imagen poética no es una imagen, no es una estampa estática y bidimensional, por el contrario es un portal a la cuarta dimensión, es un estado de trance fuera del tiempo y del espacio al que llega el lector siendo cómplice del escritor, es un intento de capturar el instante de un hoy, que ya es ayer. La imagen poética es describir el color de un espejo, traer al presente el olor de un recuerdo y no se logra haciendo analogías forzadas o escogiendo palabras poco usadas.
La poesía es la filosofía de la literatura, con la diferencia de que “la filosofía hace lo que puede y la literatura hace lo que quiere” como dice el filósofo español Jesús G. Maestro. La poesía no está hecha para gustar, está hecha para evocar lo mismo estados placenteros como angustiosos. Las palabras usadas en un poema no tienen el sentido que se lee en un diccionario, por eso la poesía es una trampa para quien no espera razonar, los sentimientos son una trampa para el que no sabe discernir lo que los causa y la consecuencia de estos. Para descifrar la poesía hay que saber interpretar los sentimientos.
Ahora lo sé: solamente soy. Yo y mi libertad que no sé usar. La gran responsabilidad de la soledad. Quien no está perdido no conoce la libertad y no la ama. En cuanto a mí, asumo mi soledad, que a veces se queda extasiada como frente a fuegos artificiales. Estoy sola y es necesario que viva cierta gloria íntima que en la soledad puede transformarse en dolor. Y el dolor, en silencio. Guardo su nombre en secreto. Necesito secretos para vivir.
Agua viva, Clarice Lispector.
La obra de Lispector normalmente no se cataloga como poesía, sin embargo lo es. Son poemas de 93 hojas, como novelas o cuentos. Lispector hace poesía porque es común que escriba en endecasílabos, sus versos evocan estados mentales, tienen el poder de meternos y sacarnos de su mundo interior a placer, y responden a la filosofía de querer capturar el silencio del ser a través de la palabra escrita.
En conclusión, la expresión “imagen poética” es una metáfora y un poema en sí misma, para entenderla hay que saber interpretar la poesía y para eso, hace falta tener algo de ella. La poesía es un código cifrado destinado solo a aquellos que descubran cómo dejarse ir.